Posibles trazas de sangre antigua halladas en un fósil de dinosaurio de 115 millones de años
Redactado con inteligencia artificial.

Un estudio sugiere que se han encontrado células rojas de sangre preservadas en un hueso de dinosaurio brasileño. Sin embargo, algunos expertos cuestionan la validez de estos hallazgos.
Trazas de sangre en un fósil de dinosaurio
Investigadores han presentado un estudio en la revista PNAS que indica la posibilidad de que se hayan encontrado trazas de células rojas de sangre en un fósil de dinosaurio de 115 millones de años, específicamente en el Aratasaurus museunacionali, un terópodo de aproximadamente tres metros de longitud. Este descubrimiento podría ser el más antiguo de su tipo, aunque no todos los expertos están de acuerdo con las conclusiones del equipo de investigación.
Los científicos utilizaron análisis microscópicos y químicos para identificar estructuras microscópicas que se asemejan a células rojas de sangre, junto con firmas químicas de hemo, el componente que transporta oxígeno en la hemoglobina. La investigación se centró en los huesos de las extremidades del dinosaurio, donde hallaron estructuras dentro de los canales vasculares que podrían indicar la presencia de sangre.
Controversia en torno a los hallazgos
Mary Schweitzer, paleontóloga molecular de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, expresó sus dudas sobre si las estructuras halladas corresponden a células rojas de sangre no mamíferas, señalando que no coinciden con la forma esperada de estas células. Las células rojas de los reptiles y aves suelen retener su núcleo, lo que genera un abultamiento característico que no se observa en los hallazgos actuales.
El estudio sugiere que las condiciones en las que el dinosaurio fue enterrado, incluyendo una cobertura rápida por sedimentos en un entorno bajo en oxígeno, habrían ayudado a preservar estas estructuras y su química asociada. Grice, coautora del estudio, afirma que esta investigación abre nuevas posibilidades para entender la biología antigua más allá de la anatomía esquelética. Sin embargo, la comunidad científica continúa debatiendo la interpretación de estos resultados, lo que resalta la necesidad de seguir investigando en el campo de la paleontología molecular.
