El cometa interstellar 3I/ATLAS podría contener material de hace 10.000 millones de años
Redactado con inteligencia artificial.

El cometa 3I/ATLAS, un visitante interstelar, ofrece una mirada única a la química de un sistema solar antiguo. Un estudio reciente sugiere que su material podría haberse formado hace más de 7.000 millones de años, antes de que nuestro propio Sol comenzara a brillar.
Un vistazo al pasado cósmico
El cometa 3I/ATLAS, un viajero interstelar, se ha convertido en una cápsula del tiempo que nos permite explorar la química de un sistema solar que pudo haberse formado mucho antes que el nuestro. Este cometa, expulsado de su hogar exosolar por un cataclismo desconocido, ha estado vagando por el espacio durante miles de millones de años.
Investigación y descubrimientos
Un equipo de investigadores, liderado por científicos de la División de Exploración del Sistema Solar de la NASA, llevó a cabo un análisis detallado de la atmósfera del cometa utilizando el Telescopio Espacial James Webb. El estudio, publicado en la revista Nature Astronomy, se centró en la relación de deuterio a hidrógeno (D/H) en el metano del cometa. Los resultados revelaron que 3I/ATLAS tiene un contenido de deuterio significativamente más alto que cualquier cuerpo en nuestro Sistema Solar, incluso 13 veces más que el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.
Implicaciones sobre su origen
Los investigadores sugieren que este alto contenido de deuterio podría indicar que los hielos de 3I/ATLAS se formaron en un entorno interstelar frío y con baja metalicidad, posiblemente en un disco protoplanetario alrededor de una estrella joven. La baja proporción de carbono-13 también sugiere que este cometa es extremadamente antiguo, lo que implica que podría haber existido antes de que se formaran los átomos que componen nuestro Sol y planetas.
Un legado cósmico
Este estudio ilustra la vastedad de las líneas de tiempo cósmicas y cómo un simple cometa puede contener pistas sobre los orígenes del universo. 3I/ATLAS podría haber estado viajando durante 7.000 millones de años, mucho antes de que nuestro Sistema Solar emergiera, brindándonos una conexión directa con los primeros momentos de la formación estelar en la Vía Láctea.
